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Maratón de Boston 2012: Cuando el clima nos puso a prueba.

Por: Guillermo Acuña

Creo que a todos los nos fanatizamos con el running, en algún momento se nos viene el sueño de clasificar algún día al Maratón de Boston. En mi caso, la posibilidad llegó el 2011, cuando terminé el Maratón de Santiago en 3:01:24 (necesitaba 3:10 para clasificar), con lo que aseguré los pasajes para este 2012.

Luego de 3 meses de preparación (agradezco a David Medina, nuestro Coach de triatletas, por su apoyo), llegué a Boston el 14 de abril, dos
días antes de la carrera. El vuelo desde Nueva York, lleno de maratonistas, y hasta el piloto deseando suerte, adelantaban el ambiente. Eso sí, aquí se vino un primer anticipo, cuando el piloto por los altoparlantes nos dice “good luck guys, and run safely, weather is expected to be very hot”.

Para el maratón se anticipaba el primer día muy caluroso de la temporada, con un pronóstico de hasta 31 grados. Era comentario general, hasta en la televisión, donde anunciaron que la organización había dado un derecho de deferral para 2013 a quienes optaran por no correr, y además había alargado en una hora el tiempo límite de llegada. Parecía que la cosa se venía en serio.

De todas formas, el ambiente era increíble. Como el centro de la ciudad es relativamente chico, se vivía la carrera por todos lados,
con restaurants, tiendas y hoteles cercanos llenos de corredores de todas partes. Todo un acontecimiento para la ciudad, que se prepara con todo para recibir a los runners.

Así llegamos al lunes 16. La organización, obviamente de primer nivel, con todo funcionando perfecto (cosa no fácil para un evento de 26 mil
personas). Buses a la partida, una Athletes Village con todo lo que se podía necesitar (comida, líquido, powerbars y gels, factor solar, etc.).

La partida se ubica en Hopkinton, un pueblo en las afueras de Boston, y se corre por un camino interurbano que pasa por varios pueblos, hasta terminar en el centro de Boston, con la famosa llegada de Boylston Street.

En la partida se podía apreciar la cantidad de gente, que repletaba fácil un par de kilómetros. A las 9:40 me pude instalar en mi corral, y ya a esa hora el calor se sentía muy fuerte (no recuerdo otra carrera en que haya partido ya transpirado…). Himno de USA, y luego de las partidas de minusválidos y elite (que incluían a Geoffrey Mutai, quien en 2011 gano con 2:03, el maratón más rápido corrido hasta ahora), a las 10 am en punto partió la primera de las 3 olas, que era la mía.

La partida fue sin problemas, bastante rápida, en una bajada bastante larga, de unos 2K. De hecho, el ritmo inicial andaba por los 3:50-4:00 min/km, y se podía aguantar cómodamente. El plan era llegar a los 21K en no más de 1:27, y ahí mantener y eventualmente bajar un poco el ritmo en las temidas subidas finales, con el objetivo de terminar en menos de 3 horas.

Si bien el calor se sentía, todavía no lo notaba en mi performance, sintiéndome bien y manteniendo el ritmo sin problemas. Primeros 5K en 20:38, y 10K en 41:27, cuidando la hidratación y frecuencia cardiaca. El circuito a esas alturas era relativamente rápido, con algo de desnivel en bajada, pero no era plano, alternando bajadas y subidas, lo que obligaba a permanentes cambios de ritmo, que respetaba cuidadosamente según la frecuencia cardíaca y velocidad que me daba el monitor. Así llegue a los 14K en aproximadamente 59 minutos, dentro de lo planificado. Sin embargo, llegar a esos 14K en menos de 1 hora, cosa que había hecho sin problemas en todos los trotes largos, acá me había exigido un esfuerzo mucho mayor que el normal, empezando a sentir – tempranamente – fuertes señales de agotamiento. Sentía que mantener el ritmo planificado exigía un gran esfuerzo físico, llegando al extremo de empezar a sentirme muy débil, con mucho calor y sed, y todavía quedaba mucho por delante.

A los 16K tuve que evaluar la situación. Claramente, si en esas condiciones intentaba mantener el ritmo hasta donde físicamente pudiese, asumía un riesgo mayor de salud, que obviamente no estaba dispuesto a correr. Así decidí – y confieso que no fue fácil  – que ésta no era la oportunidad de hacer mi mejor tiempo, y me propuse bajar el ritmo, manteniéndome entre 4:20 y 4:30 min/km, dependiendo de la geografía del terreno. Gel, otra pastilla de sal, y a completar los primeros 21K, que hice en 1:30:32.

A esas alturas la carrera ya se presentaba como un verdadero infierno de calor. Corredores en las orillas tendidos por los puestos de enfermería, muchos caminando en las subidas, etc. Lo mejor, eso sí, era el apoyo de la gente.  Vecinos en cada pueblo repartiendo agua cual puestos “extra” de hidratación, niños mojando con pistolas de agua y mangueras, gente que daba bolsas con hielo, toallas heladas, esponjas, fruta, etc., y los bomberos en cada uno de los pueblos con rociadores y hasta unos túneles-carpa con verdaderas duchas para que pasaran los
corredores. De verdad, nunca había visto a tanta gente tan involucrada y apoyando así – logísticamente – a los corredores, como si fueran sus propios amigos y familiares, super emocionante. Creo que muchos no hubiésemos llegado de no ser por ese apoyo permanente.

Al llegar a los 30K, entramos al pueblo de Newton, famoso por ser la etapa de las cuestas más complicadas. A esas alturas ya ni miraba el reloj,
simplemente apuraba lo que podía en las bajadas, y me iba lento en las subidas, dando todo lo que el cuerpo razonablemente me permitía. Estaba realmente agotado, con una sensación de cansancio general y sed que no había sentido antes en una carrera. En cada puesto de Hidratación ya no solo tomaba abundante Gatorade y agua, sino que además me sentía forzado a caminar un poco. La última subida, justo antes de empezar el ingreso a Boston, es la peor de todas, la famosa Heartbreak Hill…en el 33K. Con esa distancia en el cuerpo, y ese calor, había que ser conservador y subir muy lento. En medio de la subida, una niña, que estaba con su familia apoyando, corrió unos metros al lado mío para pasarme una toalla helada. Un alivio, me la puse en la cabeza y seguí subiendo.

Por suerte, al llegar al final de una loma muy larga, se me ocurre preguntarle a un corredor si quedaba alguna otra cuesta, y su respuesta fue “no, this is it, now it’s all the way down to Boston”, miro para adelante y veo un tremendo aviso que decía “You did it, Heartbreak is over”, era el km. 34, y fue el gran impulso para seguir hasta el final.

A partir de ahí entramos a Boston, con la emoción de miles gritando, incluyendo varios “vamos Chile mierda” de gente que veía mi polera (y a los que hacia un esfuerzo sobrehumano para saludar decentemente), y una última subida antes del km. 40, donde un niño repartía helados de agua (el mejor que me he tomado). Desde ahí a los 2K finales, que se hicieron terribles (piernas muy adoloridas, agotado, con mucha sed, etc.) y con un último gran impulso de una amiga chilena que estudia en Boston, y que se las arregló para llevar a todo su curso a apoyar.

Objetivamente ya no quedaba nada – “son cuatro vueltas a la pista, cuantas veces las he hecho”, pensé – pero la verdad es que la sensación de haberlo logrado recién la tuve a 100 metros de la línea de llegada, que al fin cruce con un tiempo neto de 3:14:24, para recibir así la medalla que mas difícil se me ha hecho conseguir.

Boston 2012 estuvo lejos de ser mi mejor tiempo, pero es sin duda la carrera más difícil que me ha tocado, y en la que más he aprendido como corredor.

Para la estadística quedara que el Mutai, el campeón defensor, se retiró en los 30K por calambres y deshidratación, y que el ganador, Wesley
Korir, también de Kenia, hizo 2:12:30, en lo que fue uno de los maratones más lentos y calurosos de todos los corridos en Boston.

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