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YO NO CORRO,me carga correr… Esa es la frase que todos escucharon decir de mí siempre.

Para que vean que el mundo del running me era tan, pero tan ajeno, que me llevo a hacer un comentario que paso a la historia de la risa y mi vergüenza. En la primera carrera que asistí, Nike Run nocturna 10K, vi tanta gente con la misma polera, que dije en vos alta, “Huuuu que grande ese equipo”, cuál será… Aún se ríen los que iban conmigo ese día.

Desde pequeña que el deporte ha sido parte de mi día a día, siendo la natación mi favorita y por la cual entre al Brain Team. Con spinning y natación era muy feliz, hasta que mis amigas Bea Castillo y Kim Tierney comenzaron a insistir en que corriera. Después de pensarlo, escuchar y escuchar a mis amigas, me decidí a probar y entré al grupo de runners. Nunca me imaginé lo difícil que era, que la pisada, que la posición del cuerpo, que la zapatilla, entre muchos otros, sentía como que hasta los brazos me sobraban. Los primero meses fueron del terror, correr 10K eran para mí una eternidad y me sentía muy frustrada, pensaba ” como el running puede hacerme sentir como que nunca he hecho ejercicio en mi vida”. Fue justamente ese pensamiento el que me llevo a seguir adelante y no dejarme vencer.

Viendo en el corto plazo como mejoraba (gracias a mi plan de entrenamiento), me sentí motivada para correr cada día más y sin darme cuenta ya estaba corriendo largas distancias e incluso los días domingos junto a mis amigas Claudia y Dani o bien también sola  (algo impensable de hacer anteriormente). Así cada día me fui encantado con el running, especialmente con los largos de los días sábados.
Debo admitir eso sí, que sufro en la temporada de baja carga de entrenamiento, me aburre profundamente, como una vez le dije a mi Coach Mauricio Siefert por “15K no me levanto temprano los sábados”, ups otro error, fue uno de esos pensamientos en voz alta que también paso a mi historia vergonzosa. Pero como soy matea, obvio que igual iría.

Después de haber corrido los 21K en las Torres del Paine y haber sobrevivido a esas subidas y bajadas del terror, el siguiente paso a seguir, eran los 42K de la Maratón de Santiago, cosa que nunca dude, tenía que hacerlo. Así comencé a entrenar, eso sí, sin dejar de nadar. Entrenar en equipo junto a mi maravilloso grupo, me ayudo a vencer esos días de cansancio, en especial saber que correría junto a mi partner Leo Cruz, que haríamos este tremendo esfuerzo alentándonos una a otra, me animaba a mejorar día a día. Después del último 30 me comenzó la preocupación ya que ese entrenamiento me costó demasiado, apareció mi dedo que se pone morado de la nada, obvio después de un dolor muy intenso y más encima me resfrié muy fuerte. Eso llevo a que estuviera muy preocupada días antes de la maratón.

Así sin entrenar por dos semanas llego el gran día, no lo podía creer, un frío de pleno invierno (complicado para los que somos terriblemente friolentos), sin embargo,  mi mayor preocupación era encontrarme con mi parnet Leito y ver a la Bea, no me podía perder sus palabras de aliento (Kim estaba en el sur).

La adrenalina de estar en el encajonamiento junto con las demás amigas del Team dándonos suerte y ánimo fue maravillosa. Al pitazo partimos  a este gran desafío, Salimos la Leo, Martín y yo muy controlados, preocupados de hidratarnos y alimentarnos, del frío ni me acordaba, he hicimos un juramento, todas las tonteras que habláramos o los improperios que daríamos sí uno de nosotros aflojaba, quedarían en la carrera, sin resentimientos ni recordatorios, nuestro trato, llegar a la meta como fuera.

Durante todo el trayecto me sentí muy bien, estaba contenta porque iba mejor que la primera vez que hice el mismo circuito, en mi cabeza iba pensando en cómo distribuir los 6K que cada uno de mis primitos y hermanitas se habían dividido y como resolver la pelea de a quien le dejaba los últimos 6K. En eso estaba y disfrutando del entretenido ambiente, cuando ya  inevitablemente el cansancio llego a mi mente, en ese momento había dejado atrás a la Leo ( lo que me preocupaba mucho) y Martin se había adelantado junto a sus “vamos Caro”. Iba en Vespucio y en subida que es lo que más me cuesta, pero me prometí no darle importancia a esos pensamientos negativos de cansancio, físicamente comencé a sentir cada uno de los huesitos de mis pies, lo único que pedía era que por favor aguantaran y las piernas ya comenzaban a pesar.


Con todo eso en mi mente, justo en Escuela Militar me encontré con la Criss Reyes y el Pepe alentándome, fue tan lindo verlos que la emoción no me dejaba respirar bien. Anteriormente también Pablo Saavedra nos estuvo en dos puntos alentando.  Es increíble cómo nos ayudan esos gritos, aunque uno los ve sólo por unos instantes, pero esos segundos valen oro. Después en la rotonda Kennedy me lleve otra linda sorpresa, estaba la Bea, Matías Brain y otros compañeros gritando por nosotros, no entendía como la Bea había llegado ahí (se quedaría en la meta), estaba tan feliz de verla que casi lloro, pero esa emoción no me dejaba respirar, me ahogaba, a si es que me decía a mí misma, concentrarte, sigamos.  Así seguí subiendo y sabía que la Pame Espinoza prometió esperarme más menos en el 32K, a esa altura ya el cansancio había vuelto muy fuerte a mi mente, sólo quería que llegara la bajada y que la Pame estuviera ahí. Así fue, allí estaba esperándome, se pasó, me iba aconsejando que no hablara, que siguiera, que iba súper bien, sacándome en cada punto de hidratación agua y esponjas para refrescarme.  En ese trayecto de repente veo a la Bea junto a mí en una moto alentándome, no entendía nada nuevamente, pero ahí estaba lo que me hacía muy feliz, después Matias en bici junto a mí también, esas palabras de aliento pucha que me sirvieron.

Ya no quería ni mirar los K que me faltaban, en este punto ni pensaba, me sentía un zombi, no sentía las piernas y esa bajada tan esperada  la sentía como la peor subida. Algo muy raro, es que no sentía esa ansiedad de llegar a la meta, sólo seguía adelante, en eso estaba, hasta que  veo a mis amigas del Team dándome fuertemente ánimo y con la Pame a mi lado alentándome hasta que de repente me dice, ya Caro te felicito, lo hiciste, te dejo hasta aquí, la meta esta sólo a metros y yo no lo podía creer. Justo en esos instantes  ocurrió lo inesperado, la Leito venía, me dio una inyección de energía que apuré el paso para seguirla y pasamos de la mano juntas la primera entrada a la meta, fue tan maravilloso, pero ese esfuerzo me destrozo y me dije, si la sigo me desmayó aquí mismo, a si es que retomé mi paso y la Leo que iba con una fuerza increíble, siguió  adelante.

En segundos ya estaba pasando la meta, lo había logrado, esa felicidad de  llegar y de ver que como había superado todos los obstáculos es tanta, que todo lo demás se hace aguantable, el no poder caminar a esa altura, es ya un sólo pequeño detalle. Pensar  que finalmente todo el esfuerzo, no sólo físico sino que también del tiempo que dedicamos a entrenar y de las muchas cosas que debemos postergar, valió la pena. Recibir esa medalla da una gratificación tan grande al corazón que no se sí existen muchas otras cosas en la vida que proporcionen tan logro personal.

Tengo tanto que agradecer a mis amigas, amigos, hermanas, primos, a mis compañeros de running, natación y triatletas. En especial  a mi Coach Mauro y por supuesto al gran Matías Brain que  necesitaría mucho espacio para este relato, pero a todos ustedes, mil de gracias!!!!

Como imaginaran, esto no termina aquí, ya está listo el próximo desafío, vamos con todo a la  Maratón de Buenos Aires.

Muchas gracias
Caro Hidalgo

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