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Race Report Cristian Hassen: Maratón de Bueno Aires

En febrero de este año ingrese al Brain Team, y ya en abril me enfrentaba a mi primer desafío, correr la Maratón de Santiago, mi experiencia fue tan positiva, dejándome sensaciones de tener holgura de mejora, que me animé a continuar corriendo. Había conocido la cara más amable del maratón, y en ese tiempo, ni siquiera entendía a que se referían con “el muro”. Así fue como desde entonces y hasta ahora he disfrutado con este gran grupo, y en un dos por tres, me encontraba planificando un viaje relámpago a correr mi segundo maratón, el Maratón de Buenos Aires, en gran parte inducido por Diego Eluchans, y permitido por el consentimiento de Carolina, mi señora, que aceptó quedarse con los mellizos de “2 meses”, para que me diera el gusto, gracias!!.

Envalentonado por tener más entrenamiento en el cuerpo que para el Maratón de Santiago; sumando un par de 21K y largos de 30K con buenos ritmos y sintiéndome cómodo, comencé a fijar mis objetivos; mi escenario más pesimista consideraba bajar 3 horas 15 min, marca que si bien me permitía clasificar a Boston, de acuerdo a mí algo desmesurado optimismo, debería ser sólo un trámite, mi escenario moderado contemplaba bajar los 3 horas 10 min y el más agresivo, sería estar en torno a las 3 horas 5 min, siendo este último la meta tras la cual iría. El problema no sería mi desmedido optimismo sino el subestimar absolutamente el Maratón de Buenos Aires. Frases como, es un circuito plano, es rápido, se baja sí o sí el que la maratón tiempo de Santiago, avalaban mi confianza. Nunca escuché la palabra humedad, descuidé la planificación disciplinada de la carrera, y no hice caso a Mauro quien me dijo en el último entrenamiento que la maratón comienza en el km 30 y que cuidara el ritmo. He aquí mi vivencia…
El sábado 12 a las 20:00 horas llegaba a Buenos y rápidamente me dirigía a restaurant a reunirme con parte del equipo, Cristian Mora, Cristian Rojas, Diego Eluchans y Roberto Nuñez. Luego de una agradable cena nos fuimos a acostar, la ansiedad ya era evidente. Para mi mala suerte estaba aún algo enfermo, romadizo y tos y me costó mucho dormirme con los estornudos, finalmente me dormí muy tarde. Más pronto de lo deseado sonaron los dos despertadores, el de Diego y el mío, ya eran las 5:15am y había que comenzar el ritual, vaselina por todos lados. Nos llamó la atención que desde recepción no nos hayan despertado, ya que se lo habíamos pedido encarecidamente, por cuanto al bajar, pasamos a hacerles ver su desatención… “Chicos NO son las 5:15, son las 4;15..” PLOP, no entendiendo nada, y ya embetunado en vaselina, cero opción de regresar a la cama, y ni cuentas quise hacer de cuanto habría dormido, simplemente evité hacer el ejercicio.

Estando ya en la partida, el ritmo de carrera no sería 4:28 ni 4:25, sería 4:20 min/km, qué más da, era un circuito plano y era mandatorio correr más rápido que en Santiago. Diego había decidido partir con 4:24 min/km, con estrategia de sprint negativo, a mi entender, “picar al final”, mi estrategia era tan sólo aguantar el ritmo hasta el km 30 y de ahí “a morir”… nunca pensé en el sentido literal de lo que decía. Ya en el km 1 me di cuenta que me había abrochado muy fuerte una zapatilla y me dolía el empeine por la presión del cordón, pero ya soltará pensé, no iba a parar. Rápidamente entré en ritmo, pasaron los km, ya en el km 15 me sentía bien pero sudaba demasiado, bendita humedad. Al llegar al km 21 en ritmo 4:20, sentí la primera sensación de que algo no iba bien, estaba más cansado de lo que debería, ciertamente estaba haciendo más esfuerzo del que suponía para mantener el ritmo, y la humedad ahora sí la sentía. En el km 25 ya me di cuenta que no podría mantener el ritmo y boté el escenario más optimista, adiós 3 horas 5 min, me centraría en bajar las 3 horas 10 min.

Pasé el km 30 con ritmo 4:25 min/km, pero ya sintiendo unos raros escalofríos en los brazos y piernas, cuestión que me encendió alarmas. En el km 31 las alarmas se hacían realidad, el isquiotibial derecho se me apretaba mal, y el ritmo se me iba a piso, pasaba de 4:25 a 5:30 min/km, y no podía hacer nada por evitarlo, me sentía corriendo con un paracaídas abierto! En eso estaba cuando me sobrepasa Diego, con paso firme y un “Vamos Hassen” que traté de capitalizar pero estaba con el paracaídas, el “sprint negativo” pensé… y vi como Diego se alejaba hasta perderse. Estaba más o menos en el km 32, intenté 3 ó 4 veces de pegarme a uno de los que me pasaba, pero era imposible recobrar la fluidez del trote, así que chao escenario de bajar las 3 horas 10 min. Sabía que si no lograba colgarme a de alguno de los que me pasaba se iba todo al tacho de la basura, incluido mi “peor escenario”, el “trámite” que me llevaba a clasificar a Boston.

Mi isquiotibial estaba muy apretado y mi paso era extremadamente corto, en ese momento la frustración, dolor y sufrimiento era total; “nunca más corro, que hago acá”, la cabeza no ayudaba mucho. En medio de ese dialogo de desesperación y frustración escucho un “vamos Chile, vamos Brasil”… yo anda con la polera de Chile, pero Brasil ¿?, en ese instante veo un brasilero que comienza a sobrepasarme, pero más lento que los anteriores, ahí me dije “ahora o nunca”, me pegue a él y me sirvió para retomar ritmo, no el de antes, pero si bajar de los 5:30 a 5:00.

Estando claro que no era suficiente comencé a meter más, al apurar yo apuraba él y así alcanzamos a otros y se conformó un grupo de 4 (foto) que progresivamente fue aumentando el ritmo, nos fuimos “ayudando” y estando en esa dinámica me encuentro nuevamente con Diego, el muro le había golpeado, le devolví un “Vamos Diego”, y seguí empujando. El km 37 fue eterno, no aparecía el 38, luego en el 40 dejé al amigo brasilero (me salvo la carrera) y al grupo y mejoré nuevamente el ritmo, con dolores en todo el cuerpo, puse por delante el sacrificio que significaba el dejar a Carola y los mellizos para llegar a esta maratón, y no la iba a botar. El ultimo km le metí con todo, sintiendo escalofríos hasta en el cuello, y logré cruzar esa meta con sprint en 3’13’18s, había salvado la carrera, la había botado 3 veces pero al final la había salvado, la satisfacción? puf! absoluta, mientras más se sufre más se disfruta. Al pasar la meta me acordé del cordón y mi pie, ese dolor nunca se fue, estaba confundido con todo el resto, pero estaba tan acalambrado que no podía llegar al bendito cordón.

Finalmente, se agradece los Actron, analgésicos que daban en la meta, gracias a ellos pude caminar ese día y al día siguiente, se agradece los masajes en la meta, gracias a ellos pude llegar al hotel, ya que al no encontrar “remis” tuve que caminar otros 3km al hotel. Finalmente tome mis cosas me fui al aeropuerto inmediatamente para no perder el vuelo, y sólo almorcé en cuando llegué a casa, sí que fue un viaje flash.

Hoy me siento más runner que nunca, respeto la maratón, respeto la planificación y conocí al señor “Muro”, pero, nos volveremos a encontrar, I’ll be back!

Cristian Hassen

 

 

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