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Por Edward Tyszka :

…. Y finalmente llegó el día, estaba en la línea de partida de mi primer maratón. Había recorrido un largo camino para llegar a este día, empezando a correr de cero 18 meses antes, primero con los Harriers y luego con los Runners Despreocupados. Corrí mi primer 10K, luego 21k en la Maratón de Santiago, me lesioné y me recuperé, todo con el objetivo de llegar a correr el Maratón de Nueva York. Después de la cancelación, rápidamente busqué una alternativa para no perder los meses entrenados y elegí el Maratón Costa del Pacífico donde se corre de Rungue (Puchuncaví) hasta Reñaca.

Llegué al punto de partida con muchas ganas y no pocos nervios. Me junté con Roberto Nuñez, integrante del Brain Team, quien también había estado en NY, trotamos un poco para calentar y a las 7:30 en punto dieron la partida.

Lo que más me había repetido en la cabeza los días anteriores, era que tenía que correr mi carrera y tratar de disfrutarla, así que con eso en mente empecé a correr.Los primeros kilómetros entre Rungue y Ventanas anduvieron bien, a ritmo constante a pesar de las múltiples subidas y bajadas en el camino. Al poco rato tuve mi primera vista hacia Viña donde se veían unos edificios chiquitiiiiiiiiiitos arriba de una duna. “Maldición” pensé, “esa es la meta y esta muuuuy lejos”.

Hasta el km 20 lo disfruté, iba tranquilamente a mi ritmo, disfrutando del día soleado y viendo como, poco a poco, pasaban los kilómetros y se acercaba los edificios de Reñaca. A partir del kilómetro 20 empezaron los problemas, una molestia en una rodilla  se convirtió en dolor y luego en dolor intenso. Llegué mal a la estación de hidratación en el kilometro 25 con dolor en una rodilla y cadera. Veía los edificios de Reñaca a lo lejos y me daba cuenta que todavía me faltaba la mitad de la carrera! Pensé seriamente en abandonar pero todavía no estaba dispuesto a perder todo lo sufrido y entrenado en el último año, así que decidí probar unos 5 km más.

Cambié el ritmo y las cuestas las bajé con más cuidado. Llegando al kilometro 30, el dolor había bajado a un nivel soportable y decidí seguir hasta el final. Pasé el kilómetro 32 y entré a Con Con sintiéndome un héroe. A pesar de que faltaban 10kms, había dejado atrás las largas cuestas entre Puchuncaví y Con Con, estaba bien hidratado, con buen nivel de energía y la rodilla estaba aguantando bien.

El recorrido por el borde costero no fue fácil, pero lo pude disfrutar. Ya había algunas personas dando ánimo, la brisa mantenía el calor a ralla y eso malditos edificios que habían sido mi referencia durante la carrera, ya se veían grandes. Los últimos 3 kilómetros se me hicieron largos, especialmente cuando veía que me acercaba a los 42 kms y no veía la meta.

Finalmente crucé la meta (según mi reloj 42,5 kms) marcando 4:40, feliz por haber terminado la carrera después de todo lo entrenado y vivido, y orgulloso de haberme convertido en maratonista.

Ahora me queda la revancha… NY 2013.

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